Una cicatriz sobre la ceja izquierda, producto de un cachazo de pistola, es la huella de uno de los tres atracos que ha vivido en buses interprovinciales. Angel Mendoza tiene aproximadamente 40 años y viaja constantemente por cuestiones de trabajo. El domingo 18, mientras estaba en el bus que se dirigía de Chone a Quito, en la cooperativa Reina del Camino, se enteró que una de las unidades había sido víctima de un robo.
“En una ocasión una mujer se sentó a mi lado, y como yo escuchaba música con los auriculares de mi celular, me pidió que le dejara escuchar también. Luego de un rato, la chica, junto con otros cuatro hombres que estaban sentados a lo largo del bus se levantaron de golpe y gritaron: ¡esto es un asalto! Empezaron a quitarnos a todos dinero y otras pertenencias”.
Mendoza recordó que entre los pasajeros había un hombre que calzaba unos zapatos de marca. Cuando los ladrones lo vieron, lo obligaron a acostarse en el suelo y sacarse los zapatos. Pero el testimonio del pasajero expresó que la pezuña inundó el ambiente e hizo desertar a los hampones del robo de las zapatillas.
Han transcurrido más de una hora desde que Mendoza escuchó del atraco. Siete u ocho viajeros más se suman a la conversación para compartir sus experiencias vividas en sus recorridos por las carreteras del país. Mientras, la Policía se apresura a realizar operativos de seguridad para revisar a las personas que se suben a los transportes especiales que se dirigen a Quito.
Entre estos pasajeros reina el miedo, generado por la situación traumática de la que han sido protagonistas. Esta sensación no los abandona ni les permitirá volver a transitar o viajar en paz...
Roque Rivas Zambrano
Diario La Hora
salvataje@yahoo.com
domingo, 25 de octubre de 2009
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